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Cualquiera ha pasado por muchas cosas en este mundo pero hay una k todos tememos y eso es la Soledad…
La soledad creo que es una de las razones por las que muchas personas se lanzan a la búsqueda de una relación de pareja; pero también son muchos quienes descubren que aún en pareja la soledad persiste y se instala como un indeseable inquilino de la relación.
Una situación similar ocurre cuando huyendo de la soledad asistimos a antros, conciertos.
Y mientras más buscamos la compañía de otros, más nos convencemos de que a la soledad le importa poco nuestras habilidades para socializar. Ella siempre está ahí, por más que le huyamos.
Veamos de qué estamos hablando: sentirse solo no necesariamente es sentir que nadie está a nuestro alcance, que somos los únicos en una habitación o que fuimos los primeros en despertar; la soledad es independiente de todo eso.
La soledad es más un estado de desvinculación con los demás, es decir, puedes estar a medio vagón del Metro, pero sientes que no tienes nada que ver con el de atrás ni con el de adelante. Es más, puedes estar en casa a la hora de la cena, con tus padres, tus hermanos y el perico, y aún así te sientes solo o sola.
La soledad que nos ocupa es un estado anímico, no una situación social. Puede pasarte con tu familia, con tus amigos, con la gente del trabajo o con todos al mismo tiempo. La soledad es esa sensación de estar aislado de los demás, de no ser relevante para los otros, o que ellos no lo son para uno.
Puedes tener a tu pareja, vivir con él o con ella y sentir este aislamiento aun cuando tu compañero se esfuerza en hacerte sentir especial. Es algo que falta adentro de uno. La cura contra la soledad es algo que se busca adentro de uno.
Por eso, cuando sales a antros para sacudirte la soledad o buscas una pareja que te distraiga, la soledad se mantiene ahí, arraigada, porque estás buscando afuera y no donde debes, adentro.
Lo primero que debes analizar es qué hace que no te sientas vinculado con las personas que te son significativas, las que son especiales para ti.
Vamos, si das un vistazo a tu alrededor, encontrarás que hay varias personas a quienes les importas, un par de amigos, tu familia o alguien en el trabajo que lleva tiempo tirándote el can, pero a quien aún no pelas... o qué sé yo, todos tenemos quienes se quieran vincular con nosotros, pero no siempre nos damos cuenta.
A veces nos da por flagelarnos y creemos que somos la última persona en esta galaxia a quienes alguien podría considerar interesante; en el espejo nos encontramos anodinos y sin chiste, y cuando vemos a los demás, nos convencemos de que ellos a su vez miran a cualquier otro salvo a nosotros.
La clave: convéncete a ti mismo de lo chido que eres o de lo chida que eres, y abre los ojos; la realidad será apabullante cuando te des cuenta de que hay a tu alrededor mucha gente que se considera cercana a ti, y una vez que caes en esa conciencia, difícilmente volverás a sentirte solo.
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